Santiago y el valle del Cibao concentran la mayor amenaza por su proximidad a la falla Septentrional y las características del terreno; la costa norte enfrenta además riesgo de tsunami, mientras el suroeste, el Gran Santo Domingo y el corredor oriental combinan fallas activas, alta densidad urbana, edificaciones vulnerables e infraestructuras críticas.
Los terremotos de magnitudes 7.2 y 7.5 que sacudieron el norte de Venezuela el pasado 24 de junio, con apenas 39 segundos de diferencia, reactivaron en República Dominicana una pregunta que suele resurgir después de cada gran desastre: ¿Qué zonas del país sufrirían las consecuencias más graves ante un evento similar?
Hasta el 15 de julio, las autoridades venezolanas reportaban 4,829 fallecidos, 16,740 heridos y 17,907 personas sin hogar, además de importantes daños en viviendas, hospitales, escuelas y otras infraestructuras. La tragedia mostró cómo la magnitud del sismo es solo una parte del problema: las condiciones del suelo, la calidad de las construcciones y la capacidad de respuesta pueden determinar el nivel final de destrucción.
En República Dominicana no existe una única lista que permita clasificar, de manera absoluta, las localidades más vulnerables. El peligro sísmico depende de la cercanía a fallas capaces de generar terremotos, mientras la vulnerabilidad está relacionada con la resistencia de las edificaciones, el tipo de suelo, la densidad poblacional, las vías de acceso y la preparación de las instituciones.
Cuando ambos elementos coinciden, surge el riesgo: una ciudad puede estar más alejada de una falla, pero sufrir daños mayores si concentra millones de habitantes, construcciones informales, edificios antiguos e infraestructuras que no han sido evaluadas.



