Las grandes empresas tecnológicas se han dado cuenta de la necesidad de contar con mano de obra física y cualificada para construir y mantener sus enormes centros de datos.
Tecnológicas les gusta verse y promocionarse como una fuerza democratizadora. Las empresas de tecnología financiera llevan servicios bancarios a quienes carecen de ellos y TikTok convierte a cualquiera en una estrella. Siempre fue un argumento endeble. Ahora, la inteligencia artificial (IA) está haciendo que el acceso a ciertos recursos sea aún más exclusivo.
La construcción y operación de centros de datos consume enormes cantidades de materiales; cuando la oferta no da abasto, los clientes establecidos más tradicionales pasan al final de la cola. Tomemos como ejemplo los chips: Micron, el tercer mayor fabricante de memorias de computadoras, se retiró del mercado de consumo a principios de este año para llenar los pedidos de los centros de datos o, en palabras de la empresa, de «nuestros clientes estratégicos de mayor tamaño en segmentos de rápido crecimiento». Los precios de las computadoras personales y otros bienes de consumo subieron, al igual que los plazos de entrega.
Sin embargo, la mano de obra está surgiendo como el próximo cuello de botella que requiere solución. Si bien la IA ha acaparado más atención por los empleos que elimina, las grandes empresas tecnológicas —que planean invertir un total combinado de US$ 725 000 millones en infraestructura— se han dado cuenta de la necesidad de contar con mano de obra física y cualificada para construir y mantener sus enormes centros de datos. Para cubrir esta demanda, Meta Platforms —propietaria de Facebook— lanzó este mes la Academia de la Fuerza Laboral de EE. UU. (AWA, por sus siglas en inglés) con el fin de formar a trabajadores cualificados en oficios técnicos; Google está embarcada en iniciativas similares.
Es cierto que estos nuevos empleados ganarán unos ingresos muy inferiores a la media de los trabajadores de Meta —que ronda US$ 640 000 anuales, incluyendo salario, beneficios y retribución en acciones—, pero la escasez de oferta les permitirá aventajar a compañeros con mayor antigüedad. La Asociación de Constructores y Contratistas (ABC, por sus siglas en inglés) estima que actualmente existe un déficit de unos 350 000 trabajadores con las competencias necesarias. A medida que los trabajadores actuales se jubilen, se prevé que esta cifra superará el millón para el año 2030, según el Centro Nacional de Educación e Investigación de la Construcción (NCCER, por sus siglas en inglés), entidad que elabora planes de estudio y certificaciones para estos oficios.



