Parecen unos anteojos comunes, pero pueden grabar, identificar rostros y robar datos sin que nadie lo note.
La última generación de lentes inteligentes (smart glasses) ya no luce como un gadget de ciencia ficción. Son discretos, estilizados y casi indistinguibles de unos anteojos convencionales. Pero detrás de esa apariencia cotidiana se esconde una tecnología capaz de grabar el entorno en tiempo real, conectarse con sistemas de inteligencia artificial y, en manos equivocadas, convertirse en una herramienta de vigilancia, robo de datos o extorsión. La firma de ciberseguridad ESET advirtió sobre los riesgos que estos dispositivos representan, tanto para quienes los usan como para quienes están a su alrededor.
Una cámara que nadie ve venir
El problema no es la tecnología en sí, sino su invisibilidad. A diferencia de una cámara de seguridad o un teléfono levantado para grabar, los lentes inteligentes operan de forma encubierta. Incluyen una pequeña luz LED que se activa al grabar, pero esta puede cubrirse fácilmente, eliminando el único aviso visible para quienes están cerca.
Este escenario ya dejó de ser teórico. A principios de mayo de 2026, una mujer en Londres denunció haber sido grabada de forma encubierta en una tienda por un hombre que usaba smart glasses, quien luego la extorsionó amenazando con publicar el video en redes sociales. El caso encendió las alarmas sobre un uso delictivo que los marcos legales actuales aún no contemplan con claridad.
Del accesorio al dispositivo de vigilancia
Investigadores de la Universidad de Harvard demostraron cómo los videos capturados con lentes inteligentes y transmitidos en vivo a plataformas como Instagram pueden conectarse con sistemas de IA para identificar rostros y extraer información pública sobre esas personas, en cuestión de segundos.



