Por Danilo Ginebra
La esperanza del dominicano no es fantasía. Es una manera de mantenerse de pie cuando el panorama se nubla. Es levantarse cada mañana con la idea de que vale la pena seguir apostando por la República Dominicana.
Un gran amigo, lector atento de mis escritos, me detuvo un día con una observación que agradezco. Me dijo que suelo escribir desde la herida, que pongo los dedos donde el país duele, pero que también es necesario mirar el bálsamo.
-Mira la otra cara -me sugirió—: los valores que aún sostienen al dominicano, la serenidad con que camina, la templanza que se respira incluso cuando el cansancio deja un sabor amargo.
Esa frase me hizo pensar.
Pensar en la esperanza.



